LO QUE NOS ESTÁ TRATANDO DE ENSEÑAR EL CORONAVIRUS

Diana Duque Muñoz, directora de la página
coronavirusNo puedo dejar de ser antropóloga nunca. Quizás por eso he estado observando con mucho interés el comportamiento de las personas en mi país y en otros, con todo esto del coronavirus.
 
Y más allá de la enfermedad y lo que produce, pienso que la enfermedad biológica es un mal menor e incluso me gusta aplicarle el enfoque del libro La Enfermedad Como Camino, en el cual se resalta a la enfermedad como un proceso de sanación del alma.
 
¿Por qué lo digo? creo que el mal mayor que nos está tratando de curar el coronavirus, es el enorme egoísmo con el que nos estamos destruyendo unos a otros y al planeta.
Basta con ver la reacción de la mayoría de personas:
 
1. Observan lo sucedido con China y lo primero que hicieron fue generar expresiones de discriminación con la gente de este país… En lugar de esto, tranquilamente pudo haber un movimiento de solidaridad extendida en la que cada ser humano, lejos de pensar en rechazar a otro por estar enfermo pensara ¿cómo los podemos ayudar? ¿qué podríamos aportar? Curiosamente la reacción de los chinos para el lado contrario fue mandar una delegación a Italia con médicos y medicinas para curar el virus. ¡Qué enorme lección! ¿No les parece?
 
2. Cuando al fin llega el virus a su país entonces ahora las reacciones son: correr a acaparar todos los productos de aseo y alimentos no perecederos, bajo la lógica: «me salvo yo y el resto que se joda». De lo que no parecen darse cuenta, es de que todas estas reacciones que creen que los salvarán personalmente, sin pensar en la colectividad, simplemente tienen un efecto bumerán que es cierto: afectará a otros, pero cuya afectación volverá de vuelta a quienes la causaron. ¿Cómo? muy simple: si yo acaparo todos los productos es cierto que tendré ventaja, pero los demás no podrán cuidarse como me cuido yo, de manera que el virus se extenderá y tarde o temprano llegará tan fuerte a mi la carga viral que por más productos de aseo que tenga me enfermaré. Adicional, acaparar productos genera que se incrementen los costos (porque tampoco faltan los avivatos comerciantes que no piensan tampoco en la colectividad sino solo en su beneficio personal) entonces quién acaparó cree que ganó porque ahora tiene todo, pero luego saldrá a la calle a darse cuenta de que ahora su dinero no le alcanza porque otros pensaron como él: los comerciantes.
Y los comerciantes a su vez creen que ganaron porque pudieron acaparar, pero como esto sigue siendo una reacción en cadena: el aumento de costos genera más pobreza, la pobreza genera que mucha más gente esté desesperada y que haya problemas de desorden público. Esto a su vez afecta la economía, y genera inflación. Todo unido crea una crisis económica y así el dinero del que compró cuando acaparó pierde valor. Eso sin contar con que llegando a límites el comportamiento egoísta e histérico podría terminar generando hambrunas y hacer mucho más letal y masiva la pandemia.
 
3. Nos impera el miedo. Vivimos desde el miedo todo el tiempo: la reacción de acaparar es producto del tiempo, la de incrementar los precios por avaricia son producto del miedo. El sentido que tenemos tan instalado de tener grandes acumulados es un miedo profundo a la carencia y cuando esto pasa, nos damos cuenta de que en realidad muchas de las cosas que considerábamos indispensables dejan de serlo. Entonces empezamos a cambiar la mentalidad capitalista, por una que por fin es más conciente, menos generadora de basura (Porque no hay cómo comprar tanto) y de paso: ¡aleluya, al fin le aportamos al medio ambiente que hasta ahora destruimos sin consideración!.
 
4. Nos va a tocar aprender a mirarnos a los ojos y dejar de ver al otro como un posible enemigo para poder comprender que es un igual. Un ser que también siente, que también tiene miedos, y deseos, que también esconde vulnerabilidades, también ama y es amado. Entonces, cuando al fin nos miramos entre nosotros, dejamos de ver al otro como un posible pote de virus andante, para despertar de algo que parece ser un sueño profundo en el que habíamos estado sumergidos todo el tiempo: un sueño -pesadilla- de egoísmo, de odio, competencia violenta e individualidad… y nos damos cuenta de que siempre hemos sido parte de la misma cosa, de la misma unidad. Que lo que sucede con el otro me afecta a mi, que el otro soy yo.
 
Y entonces como si por fin nos demos cuenta de algo tan obvio, descubrimos que si asumimos las cosas con amor, con compasión por el otro, con el deseo de ayudar y aportar; entonces tenemos la solución en las manos y la vida que creíamos perdida vuelve a mostrarse ahí, tan majestuosa como siempre.
 
Finalmente, cuando una entiende estas cosas termina agradeciéndole a la naturaleza por sus enseñanzas. Y a lo que parece una gran tragedia, por ser una gran maestra.
 
Gracias a quienes llegaron hasta el final y a quienes deciden compartirlo. Mi interés al escribir esto es que generemos conciencia porque mientras más pronto lo hagamos menos sufrimiento acumularemos.
 
Un abrazo a cada uno, a cada una.
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