LAS REALIDADES DEL FÚTBOL PRACTICADO POR MUJERES EN COLOMBIA QUE DEVELA EL COVID 19

Por: Elizabeth Oviedo*

@eliz_oviedo

Lea el comunicado de Fémina Futbol sobre la denuncia

La pandemia que atraviesa el mundo a causa del Covid 19 ha develado las constantes desigualdades sociales generadas en el ámbito laboral. Los despidos y terminaciones de los contratos de trabajo han comenzado a saltar a la vista ante el cese de las actividades en las empresas dejando a los trabajadores desprovistos de recursos con que hacer frente a la pandemia y sin la protección en seguridad social. Esta ha sido una posibilidad contemplada por los clubes de fútbol profesional colombiano -que son sociedades anónimas – y una realidad que se aplica de manera desigual para hombres y mujeres en algunos planteles.

Aunque algunos clubes no se han pronunciado sobre cómo van a continuar desarrollándose los contratos, otros entre los que se cuenta un club de la capital ha hecho pública una ignominia más en contra del trabajo de las mujeres y de la preservación de la salud y la protección social de estas, manifestando que a raíz de la emergencia, los pagos a los hombres se mantendrá a tiempo parcial mientras que los contratos de las mujeres se terminarán por “mutuo acuerdo”. Considerando que éste envía un mensaje de que las mujeres deben acogerse a las circunstancias y ceder a las imposiciones del club so pena de quedar excluidas de las convocatorias como ha sucedido en varias ocasiones. El código del silencio que se apodera del ámbito deportivo comienza a jugar en contra de reclamaciones por parte de las futbolistas.

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No hay que olvidar que la primera liga femenina inició en 2017 por un condicionamiento de la Conmebol, el esfuerzo de jugadoras, las iniciativas individuales de hombres y mujeres pero sobretodo, por las presiones por obtener mayores recursos de parte de la FIFA. En esta competición estos clubes organizaron sus planteles femeninos alrededor de una liga “profesional” con jugadoras del sector aficionado y que muchos de los derechos que debían pagarse a estos clubes por la formación de las jugadoras no fueron reconocidos amparados en conceptos institucionales manifestándose que el fútbol practicado por mujeres estaba en crecimiento y desarrollo y que no existe un mercado activo para su desenvolvimiento.

Durante el primer año de esta competición, solo cerca del 60% de las jugadoras tuvieron contratos, aunque no por valores justos, pero al fin y al cabo contratos que permitían la exigencia de algunos derechos y que ponen de relieve una relación del club con las jugadoras durante tres o tres meses y medio que dura la competición. Durante estos últimos tres años, muchas de estas mujeres se han debatido entre cumplir con otros trabajos para mantenerse mientras a su vez cumplen con los rigurosos entrenamientos para estar a tono con la competición. Luego de terminada esta, deben salir a buscar otro trabajo que no siempre permite la preparación física, técnica y táctica; pero que genera los recursos para la supervivencia y que al iniciar la pretemporada sean las mejores.

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Muestra esto, que durante mucho tiempo las mujeres han puesto los recursos en su formación como deportistas que vienen a ser aprovechados por los clubes participantes en la competición que pone sus propias reglas y donde por ser tan cerrado su acceso, ellas deben acogerse a lo dispuesto por los empleadores – esto cuando alcanzan a tener un contrato y no les cobran por jugar-. Sin embargo, la protección social en estos momentos es fundamental para preservar no solo la integralidad de un producto que representa la sostenibilidad del negocio sino también la protección de la vida misma.

Esta sostenibilidad preocupa a los clubes en momentos de la emergencia que vivimos. Así, se puede ver como estos y los organizadores del fútbol profesional claman por ayuda para mantenerse a flote solicitando públicamente la ayuda del Estado olvidando que llamamos fútbol profesional a toda una industria que está en condiciones de generar sus propios recursos. Esta solicitud fue negada en razón a que los dineros públicos deben usarse en mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables y para quienes no tienen un trabajo formal que les permita garantizar su supervivencia. No obstante, por parte de la Conmebol se ha ofrecido apoyo a los clubes que participan en sus competiciones, presentándose como un salvavida para los clubes vinculados y tal vez es la oportunidad para sostener las condiciones físicas y mentales de los y las futbolistas.

Sin importar la fuente de los recursos, no siempre se mide y se toman decisiones de la misma forma para ambas categorías al interior de los clubes. Y esos recursos que deben ser considerados para hombres y mujeres al menos de manera proporcional en razón a sus contratos no serán distribuidos así y ahora las mujeres en razón al “mutuo acuerdo” se les sugiere que terminen los contratos mientras a los hombres se les mantiene el vínculo laboral. Entre las razones que llevaron a que la bonificación entregada al Club Campeón de la Copa Libertadores Femenina en 2018 fuera usada para los hombres de este, los directivos mencionaron que se trataba de una sola institución. Se esperaría que los alivios y recursos que los clubes consigan en este caso de la pandemia fueran igualmente de una sola institución para el beneficio de quienes producen el espectáculo. Ya vemos que no es así y que unas deben acogerse a la situación y salir por la puerta de atrás mientras otros se quedan bajo la protección institucional.

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Esta situación plantea cuestionamientos sobre la responsabilidad de los clubes para con sus empleados y contratados. Ahora cuando la pandemia nos obliga a cuestionar el capitalismo salvaje y el consumo desproporcionado. Ahora que no hay “otro trabajo” que hacer porque otros sectores no las contratan, ahora que las mujeres no tienen protección social y que la necesidad llama a la puerta cada día. Ahora es cuando se evidencia con mayor vehemencia lo que ha venido sucediendo por tanto tiempo en deporte de masas y que sigue siendo el reflejo de la inequidad.

La cancha sigue manteniéndose desigual para las mujeres que representan el 51% de la población y seguirá así si los clubes – empresas privadas – no quieren reconocer que están ante uno de los negocios mas productivos en tanto que sea un espectáculo de masas pero que además deben responder por sus empleados y grupos de interés para que al terminar la emergencia y volver a la cancha puedan contar con esos generadores de ese espectáculo. A pesar de que el fútbol ha abierto importantes debates en cuanto a la equidad de género a nivel global, es en estos momentos de crisis sanitaria y aislamiento mas que nunca cuando se devela la necesidad de considerar a las mujeres como parte del engranaje productivo de este y por eso es necesario que sus condiciones físicas y mentales se mantengan para seguir aportando como trabajadoras.

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Considerando la abismal brecha salarial entre hombres y mujeres que se empezó a avizorarse con la Liga “Profesional” Femenina y la reflexión que ha generado la posibilidad de que la población se reduzca considerablemente a raíz de la pandemia, es hora de salir en defensa de los salarios y condiciones contractuales con equidad. La crisis de esta pandemia debe hacer pensar a todos los implicados en el equilibrio de la balanza. Hombres y mujeres, individual o institucionalmente debemos defender las prácticas contractuales para que esta brecha comience a cerrarse. No debemos retroceder en las luchas por tener una mejor sociedad donde se reconozca a la mitad de la población como sujetos de derecho para mantener el respeto por la práctica de un deporte al que aman y que por distintos caminos han convertirlo en su trabajo.

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*Elizabeth Oviedo. Docente Investigadora Universidad Cooperativa de Colombia. Participante en el Programa de Desarrollo de Liderazgo Femenino de la FIFA II Edición. Candidata a doctora en Economía, Pobreza y Desarrollo.

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