Colombia: Las matrias en primera línea por el derecho a la vida, la justicia y la paz

Paola Gutiérrez Pinto*

 

Mientras la llama de la barricada se enciende y llega la fuerza armada a intentar apagar el fuego de la revolución que se prende en las calles, otra revolución ya ha iniciado antes de esta: se trata de la que cuida y sostiene la vida.

Pocas personas la notan y el sistema se empecina por seguir desconociéndola, pero si algo ha mantenido en pie ste paro colombiano del 2021 y cualquier otra lucha histórica, es ese trabajo silenciado y silencioso de las mujeres, madres, abuelas, tías, hermanas, nanas, trabajadoras domésticas, que dedican horas y horas de su tiempo a preparar la cena, limpiar la casa, lavar la ropa y llenar de afecto a quienes en las calles se enfrentan a sangre y fuego por la defensa de distintos ideales y derechos.

Ni el libertador más importante, ni el presidente más indolente, ni el soldado más aguerrido, ni el estudiante más fuerte, han podido prescindir de los cuidados en el transcurso de sus vidas y sus luchas. A ninguno le ha faltado una comida servida a tiempo, una coca empacada en el morral o unos cuantos puntos en la herida abierta. De seguro siempre una mujer ha suplido estas necesidades. De haberles faltado, sabrían de entrada que su derrota sería inminente.

Sin embargo, nunca ninguna revolución histórica se ha dado cuenta que hay algo más fundamental que inclusive la petición más justa o la consigna más noble que puedan gritar en las calles; se trata de poner LA VIDA EN EL CENTRO. Las mujeres saben cómo hacerlo y por eso es urgente aprender de ellas y con ellas. Que el revolucionario, que el político, que el artista y la comunidad, asuman este trabajo de cuidar y proteger la vida de manera conjunta.

Mientras tanto, allí, en el país del realismo mágico sostenido por las cuidadoras, los protagonistas de este paro son otrxs: la bala, el fusil, el armado, el guerrero, contra quienes se enfrentan en una evidente desventaja, la piedra, la arenga, la barricada y la ilusión de la juventud por el anhelo de construir una democracia completa. En esta disputa de arengas y “ajuás”, las mujeres no ven más que hijos e hijas, y sin embargo, comprenden bien quién es el responsable de alentar esta guerra que enfrenta a la descendencia de las clases empobrecidas.

Según la Red de Organización Defender la Libertad, desde el inicio del paro en Colombia hasta la fecha del 20 de mayo, 52 mujeres han enterrado a sus hijos, otras más han curado sus heridas y otras sus ojos mutilados, todas han hervido de rabia por sus hijas abusadas y otras aún esperan encontrar a sus desaparecidxs. Ellas, las que han cuidado la vida, las que han estado desde siempre en la verdadera primera línea sosteniendo la sociedad, las que en este mes de la madre recibieron la bofetada presidencial de militarizar a Colombia poniendo en riesgo la vida de sus hijos e hijas, se tomarán las calles este 27 de mayo. Su revolución es pacifista y se distancia de esas otras formas de lucha que de un “lado y del otro” están reproduciendo el germen guerrerista que tanto daño le hace a la paz, proponen que el camino de la transformación empieza con ellas, que es momento de escucharlas y que en un camino del cambio, la defensa y protección de la vida debe estar en el centro.

Las madres en Antioquia, marcharán por los 52 hijos e hijas asesinadas en este paro y por todos los muertos y muertas a manos del mal gobierno en la historia de este territorio, pero también marcharán por aquellas personas a las que este sistema de muerte les ha manoseado hasta el alma y a muchos se las ha arrebatado, deshabitándolos de la humanidad necesaria para evitar disparar contra sus propios hermanos y hermanas, hijos e hijas de este pueblo. Es una marcha por el luto y por la esperanza.

Nadie las convoca ni las está usando, como el mal periodismo ha dicho, basta un corazón desgarrado para movilizar y asumir como propio el dolor de pueblo, el dolor de todas las madres que han parido y así mismo han enterrado la vida. Ellas mismas se convocan con la valentía de enfrentarse desde el pacifismo a un gobierno militarista y asesino. Ni un hijo e hija para la guerra, de ningún color ni uniforme. Ni un o una mártir más en las calles, porque la paz no nos debe costar la vida. Exigen que cese la horrible noche, que se vayan los gritos de auxilio, los ruidos de helicópteros, las balas disparadas, los gases lacrimógenos y el dolor en sus vientres por la encerrona a sus hijos e hijas solo por el hecho de ser jóvenes rebeldes en busca de sus derechos. Saben que el reclamo de quienes están en las calles es justo y urgente y hacen eco de la esperanza que aún sobrevive en la juventud.

Este 27 de mayo Colombia verá los rostros de las que en PRIMERA LÍNEA cuidan y sostienen lo verdaderamente importante en esta sociedad: LA VIDA. Les recordarán a los comités de diálogos que las mujeres no pueden seguir en el telón de fondo de las revoluciones, cuidando en casa a quien se toma las calles. Ante las ideas agotadas del gobierno de muerte y difamación, propondrán una nueva lucha para quienes resisten.

Que esta revolución que se está gestando en varios pueblos del Abya Yala reconozca e incorpore la centralidad de la vida, la justicia y la paz. Que siga naciendo de esta matria de la que todas y todos venimos (sin bandera, himnos ni fronteras) la ruptura del pacto político que por más de 200 años nos ha oprimido.

¡Vivas y vivos nos queremos! Y en comunidad nos protegemos

Esta marcha es convocada por: Mujeres Independientes, Movimiento Social de Mujeres y Estamos Listas.

 

 *Paola  Gutiérrez Pinto es comunicadora, periodista y feminista andina. Activista del movimiento social de mujeres de Medellín.

 

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